Rumbo a cordillera.
Desperté por el sonido de mi móvil. Había colocado el despertador para tener tiempo de recoger mis pertenencias y echarlas a la maleta. Eche lo poco que había traído de mi ropa para el viaje desordenada dentro de la maleta, no tenía tiempo de doblarlas una por una. Me cambie de ropa rápidamente. Mire por la ventana para contemplar el clima y así ponerme algo adecuado por el tiempo, pero la oscuridad era intensa junto con una neblina. Me coloque unos jeans anchos de pies y mi blusa preferida. Era de seda y de color café con mangas cortas acornada. Era abotonada por el frente. Saque mi chaqueta de cuero de color azul mar por si el frío era mayor de lo esperado. En ese momento sentí un leve golpecito en la puerta. Y Dilan se asomo por ella.
- Vamos. - Su rostro era perfecto como siempre, sus ojos estaban iluminados por un leve brillo, pero sus ojeras de color purpura sobre sus ojos dejan en evidencia su falta de sueño y cansancio. Me sorprendí porque aun somnoliento se veía hermoso.
- Claro-, le dirigí una tierna sonrisa, a la cual el correspondió.
Tomo mi pequeña maleta y bajo silenciosamente y sin dificultad las escaleras hasta su apercibido BMW M6, su descapotable color negro que brillaba en plena oscuridad de la noche. Me senté en el copíloto, mientras esperaba a que Dilan terminara de traer unas cajas. Saque un elástico de mis desgastados jeans y me hice una coleta. Se me escaparon unos mechones de pelo, los coloque detrás de mi oreja para que no me molestaran la vista.
Dilan salio de la casa y se monto al carro de un salto.
- ¿Donde iremos?, - mi pregunta era por simple curiosidad, no me importaba ir a cualquier lado si Dilan estaba a mi lado.
- Hacia la cordillera. Es el lugar más seguro por ahora.
Me preocupo un poco, mi vestuario no era muy amplio y menos para soportar las bajas temperaturas de la cordillera. Dilan se entero al instante y me miro con una sonrisa en el rostro.
- Claro, no te preocupa ir a la cordillera por lo lejos... ¿Sino por la ropa? - Se echo a reír.
- Pero no se si mi ropa aguante las temperaturas, - La verdad es que ni sabia por que le decía eso, si el ya lo sabia. Su risa me había descompuesto la razón común, y hablaba como idiota. De todas formas el ignoro mi comentario.
- Me hubiera gustado salir del país, pero bueno es complicado. - Se sonrió como si disfrutara de un pequeño chiste interno. Y luego soltó una risa burlona.
- Te ríes de mi edad. - Dije un poco enfadada.
- No te enfades Cathlen, si aun eres un bebe.
- ¡Va!, y que ahí con ello, tu me sobrepasas en dos años o menos...
Mi miro burlón. ¿Que acaso me sobrepasaba en más de dos años?
- Tengo Veinte Cathlen.
No podía ser, si interpretaba como un adolescente de 18 máximo. En seguida se me paso por la mente una taquicardia de mi madre al enterarse de la locura que estaba haciendo. Sentada en un descapotable a toda velocidad rumbo a la cordillera con ropa inapropiada y con un hombre con cara de adolescente extremadamente guapo, ¡que resulta que es universitario!. Pobre de mi madre, y pobre de mi, si mi padre se enteraba. Dilan soltó una estruendosa carcajada al escuchar mis pensamientos.
- Eres un lío.- Dijo aun carcajeandose.
- Vale, vale.
Observe a Dilan al volante. Estaba concentrado en la carretera y sostenía el volante con sus dos manos. Note nuevamente su cansancio expresado en su rostro. Me preguntaba el motivo del cual no haya dormido bien. ¿Acaso le preocupaba demasiado todo el asunto de Amber?. Se que era una locura que no me preocupara yo. Pero al estar al lado de Dilan, me sentía tan segura y calmada. Que nada podía ponerme nerviosa.
- ¿Dormiste algo Dilan?
- No te preocupes. Estoy bien, - Me miro de reojos y me esbozo una sonrisa.
- Dilan... -, Lo mire seria y con preocupación, - Si quieres puedo manejar, y así duermes un poco.
- Olvídalo, no te dejare manejar. - Su voz era tensa.
- No le haré daño a tu coche.
- No es el auto lo que me preocupa. - Se sonrió.
- Venga, confía.
Inclino la cabeza hacia un lado en son de duda.
Sabía conducir un automóvil. Bueno no uno de lujo como ese. Pero era un auto al fin ¿No? Aunque aun no tenía mi licencia debido a mi menoría de edad. Mi maestro había sido mi padre Leandro. El tenía un Hyundai del 98.
- Vale, toma el volante.
Lo mire con ojos saltones.
- No... te... detendrás.
- No podemos darnos el lujo de perder tiempo. Amber es perspicaz.
- Oh.
Tomo de mis muñecas guiándolas al volante. Pase por encima de el y despacio coloque el pie en el acelerador mientras el lo quitaba con la misma delicadeza y se deslizo al asiento de al lado.
- Mantiene la misma velocidad. Y siempre en dirección recta.
- Vale. Descansa Dilan.
Asintió con la cabeza.
- Cualquier cosa, me despierta eh.
- Claro claro.
Se giro apoyando su cabeza en el vidrio. Encendí las luces altas, no se podía apreciar la carretera debido a la espesa neblina. Claro Dilan podía prever cualquier carro descarrilado y posicionado gracias a su Telepatía. Mire la hora en el panel. Eran las 5:20 de la mañana.
El camino fue rápido y pronto pude ver en el horizonte unos rayitos de sol saliendo tras la cordillera que se veía lejana. Mire nuevamente el reloj en el panel del auto. Las siete en punto. Llevaba casi dos horas conduciendo. Mire a Dilan que dormía profundamente, apoyado en el vidrio. Escuche el sonido de mi móvil. Pase la mano por debajo del asiento de Dilan, donde se encontraba mi bolso de mano. Sin despegar la mirada de la carretera. Mientras sacaba el móvil del bolso comencé a maldecir por no andar trayendo el estúpido manos libres. Que de bastante ayuda me podía hacer en estos instantes.
sábado, 28 de febrero de 2009
jueves, 26 de febrero de 2009
Capítulo Nº Nueve.
Amor Inmortal.
Lo mire esperando el momento para que empezara a contármelo todo. Pero el agacho la cabeza. Sentí que dudaba aun si contármelo o no.
- Cathlen. Contarte sería el error más grande del mundo. Pero te quiero. Y se que debo hacerlo. No puedo seguir ocultándote la verdad. Si este secreto te pertenece.- Lo mire confusa. ¿A que quería referirse cuando dijo que ese secreto me pertenecía?, - ¿Quieres saber de verdad todo lo que sucede?
Sabía que para saber la verdad debía de pagar un precio por ello. Pero no me importaba en absoluto, solo si Dilan permanecía a mi lado. Lo demás era polvo.
- Solo si tu estarás a mi lado luego de eso. - La mirada de Dilan choco con la mía y enseguida miro hacia el suelo.
- Debo decírtelo.
- Dilan, promete que estarás conmigo luego de esto. - Necesitaba obtener su palabra. El miedo de que Dilan se alejara de mi, me perturbaba. Se acerco a mí y tomo mis manos apretándolas con las suyas.
- Cathlen, estaré contigo todo lo que pueda para protegerte, pero no puedo prometerte nada. Daría mi vida a cambio de estar a tu lado. Pero no puede ser. - Sus ojos mostraban una gran tristeza. Sentí que mi corazón lloraba en silencio.
- Dilan yo... - Puso su calido dedo en sobre mis labios haciéndome callar.
- Lionel y yo trabajamos en el mismo laboratorio que tu prima Amber. Somos lo más cercano a ratones de laboratorios. Lo que hacemos ahí es confidencial. Trabajamos para el FBI. Creando sustancias para obtener una larga vida. Pero la codiciada de tu prima, pudo crear una sustancia que hizo que yo y Lionel obtuviéramos algunos atributos sobre-humanos, de los cuales tu ya estas enterada claro.
- ¿Amber tiene algún poder sobre natural? - Mi voz se quebró a penas nombre el nombre de mi prima.
- No. Cuando descubrí como utilizar mi poder. Pude leerle el pensamiento a tu prima. Y pude verte a ti en su pensamiento. - Dilan frunció el seño y continuo -, ella busca venganza. Su envidia hacia ti es tan fuerte que pasa lo sobre-humano, por lo que dude que si tuviera algún poder o no, pero no pude descifrarlo dentro de sus pensamientos. Cuando ella se dio cuenta de lo que yo intentaba hacer, idealizo un mecanismo de auto defensa. Lo que le hace inmune a mi poder Telepático y también al de Lionel. Estuvimos en pruebas mucho tiempo, hasta que Amber nos pidió un favor. Claro le debíamos mucho, ella arriesgaba su empleo, ya que si hubiera sido por ella nos hubiera entregado a otro científicos para estudiarnos o cosas por el estilo. Algo que nos negábamos rotundamente con Lionel, así que nos mantuvo escondidos en aquel laboratorio. A cambio de ese gesto nos pidió que viniéramos aquí. Para… - Su voz tembló y soltó mis manos. – Su idea era cumplir su cometido de venganza Cathlen. Estaba totalmente en desacuerdo con ella. Pero no podía hacer nada para detenerla. Así que decidí venir, e intentar hacer todo lo posible para que Amber no cumpliera con ello. Pero las cosas no salieron como lo esperaba, tu te enteraste de mi poder, y Amber ya esta al tanto de mi postura. Claramente.
- Y Lionel, ¿el que piensa de todo esto?.
- No. El adora a Amber, por el se tiraría de un acantilado si ella se lo pidiera.- Nos quedamos en silencia un buen rato. ¿Como podía ser que el odio de mi prima fueran tan Sobre-Humano?
- ¿Y que puedo hacer, para terminar con todo esto? – La solo idea de la respuesta hacia que un escalofrío me invadiera por el cuerpo. Nunca le había temido a mi prima. Pero temía a su poder. El poder que tenía sobre Dilan.
- Tranquila Cathlen, no te preocupes de mí. Y yo me encargare de todo. No dejare que nada te pase. Lo prometo.
- Ella debe de estar escuchando ahora – El asintió con la cabeza. Mire hacia la puerta, y no podía oírse ni un solo ruido. Dilan tomo una hoja de papel y busco un lápiz en el cajón del armario, lo observe sin ni siquiera moverme. Luego me lo entrego.
“Te vendré a buscar a la madrugada. Ten tus cosas listas. Nos largaremos a donde no te pueda encontrar. Y pensaremos en como detenerla. No tengas miedo. Yo estoy contigo. Te quiero.”
Mire a Dilan con cariño, y me lancé a abrazarlo mientras chillaba como una niña. No podía ver nada solo oscuridad, las lágrimas me nublaban la visión. Dilan correspondió mi abrazo y me acaricio el pelo. En ese momento me sentí feliz, aunque sabía que no era el momento adecuado para estarlo. Pero si Dilan estaba a mi lado protegiéndome, todo era diferente. Ya no le temía a nada. El me daba las fuerzas de encarar hasta el problema más grande que pueda cruzarse por mi vida. Sin sentir ningún temor.
- Gracias por esto Dilan. En verdad, - Dilan acaricio mi mejilla con la palma de su mano mientras sonreía, esa sonrisa tan calida que me encantaba.
- Eres como un rayito de sol en la penumbra. Mi rayito de sol.
Lo mire con extrañeza.
- ¿Un rayito de sol?
- Si. Eres ese calor que se asoma porfiadamente entre las nubes. Iluminando lo que no se debe iluminar y calentando lo que no se debe calentar.
Me sonroje mientras decía esas palabras.
- Ah pues. Entonces… ¿tú eres aquello que no se debe iluminar?
- No. Soy aquello que no se deja iluminar. O lo que no se dejaba iluminar. - La expresion de Dilan era de confucion y luego de ellos enarco una ceja.
Lo mire sorprendida. Separe mis labios mientras pensaba en que responder. Pero el hablo antes que pudiera pronunciar algo.
- Pero cuando apareció ese rayito de sol en la penumbra, todo cambio. Ya no era penumbra. Fue como una explosión de radioactividad atómica para mí.
Mi cara era inexpresiva. Tenía la boca abierta por el asombro. No sabía si sonreír o si… La verdad es que no sabía que hacer. La felicidad y ese enorme aprecio que sentía por Dilan y que crecía cada segundo que pasaba a su lado ya no cabía en mi pecho. El corazón latía a punto de explotar. Y una adrenalina recorrió todo mi cuerpo dejándome intranquila. No entendía lo que sucedía. Dilan se acerco más a mí dirigiéndose a mis labios mientras acariciaba mi barbilla. Unos hormigueos me inundaron la zona del estomago eran las llamadas mariposas, esas que uno sentía cuando estaba enamorada. Pero esto era algo más no era un simple enamoramiento de adolescente. Lo podía ver bien claro. En el momento que Dilan rozó sus calidos y suaves labios con los míos, pude entender que lo que sentía por el era mucho más que amor. Algo que nunca había sentido o experimentado cualquier ser humano al cual yo conociera. No sabría como describirlo, era un sentimiento que no existía en ningún vocabulario. Ni menos en ningún diccionario.
- Amor inmortal. – Dije mientras besaba a Dilan.
- ¿Qué?-, corrió su rostro, y se quedo mirándome a pocos centímetros del mió.
- Te has convertido en mi amor inmortal. – Dilan soltó una risita por lo bajo. Y luego se puso serio de nuevo.
- Disculpa, me has agarrado con la guardia baja. Es complicado leerte el pensamiento mientras te beso ¡eh!
Le volví a abrazar con desenfreno.
- Sería mejor que durmieras.- Se levanto de la cama.
- Quédate conmigo.
- Nada me gustaría más. Pero debo hablar con Amber y Lionel.
- Claro, ¿y que pasara con Thomas y Kendra?
- No te preocupes por ellos. Yo me encargo. Ahora duerme.
Asentí con la cabeza y me metí a la cama, debajo de las colchas. Dilan se volvió para darme un beso en la frente.
- Buenas noches mi rayito de sol.- Su voz era dulce. Los ojos ya me estaban jugando en contra, me di la vuelta y apoye la cabeza sobre la almohada.
- Buenas noches mi penumbra terca…
Sentí su risa a lo lejos. Y luego el sonido de la puerta al cerrarse.
Comencé a preguntarme entre sueños lo que sucedería mañana. Tendría que hacer mis maletas rápidamente y haciendo el menos ruido posible. ¿Y que le diría a mi madre? Si le decía la verdad podría matarla de un infarto, y luego de reponerse, si salía viva de ello, llamaría al FBI de seguro. No, no podía contárselo. ¿Y a donde iríamos? Bueno eso no me preocupaba demasiado si Dilan se encontraba a mi lado. El sueño se hacía mas fuertes y mis débiles preocupaciones desaparecieron. Me entregue a los brazos de Morfeo.
Lo mire esperando el momento para que empezara a contármelo todo. Pero el agacho la cabeza. Sentí que dudaba aun si contármelo o no.
- Cathlen. Contarte sería el error más grande del mundo. Pero te quiero. Y se que debo hacerlo. No puedo seguir ocultándote la verdad. Si este secreto te pertenece.- Lo mire confusa. ¿A que quería referirse cuando dijo que ese secreto me pertenecía?, - ¿Quieres saber de verdad todo lo que sucede?
Sabía que para saber la verdad debía de pagar un precio por ello. Pero no me importaba en absoluto, solo si Dilan permanecía a mi lado. Lo demás era polvo.
- Solo si tu estarás a mi lado luego de eso. - La mirada de Dilan choco con la mía y enseguida miro hacia el suelo.
- Debo decírtelo.
- Dilan, promete que estarás conmigo luego de esto. - Necesitaba obtener su palabra. El miedo de que Dilan se alejara de mi, me perturbaba. Se acerco a mí y tomo mis manos apretándolas con las suyas.
- Cathlen, estaré contigo todo lo que pueda para protegerte, pero no puedo prometerte nada. Daría mi vida a cambio de estar a tu lado. Pero no puede ser. - Sus ojos mostraban una gran tristeza. Sentí que mi corazón lloraba en silencio.
- Dilan yo... - Puso su calido dedo en sobre mis labios haciéndome callar.
- Lionel y yo trabajamos en el mismo laboratorio que tu prima Amber. Somos lo más cercano a ratones de laboratorios. Lo que hacemos ahí es confidencial. Trabajamos para el FBI. Creando sustancias para obtener una larga vida. Pero la codiciada de tu prima, pudo crear una sustancia que hizo que yo y Lionel obtuviéramos algunos atributos sobre-humanos, de los cuales tu ya estas enterada claro.
- ¿Amber tiene algún poder sobre natural? - Mi voz se quebró a penas nombre el nombre de mi prima.
- No. Cuando descubrí como utilizar mi poder. Pude leerle el pensamiento a tu prima. Y pude verte a ti en su pensamiento. - Dilan frunció el seño y continuo -, ella busca venganza. Su envidia hacia ti es tan fuerte que pasa lo sobre-humano, por lo que dude que si tuviera algún poder o no, pero no pude descifrarlo dentro de sus pensamientos. Cuando ella se dio cuenta de lo que yo intentaba hacer, idealizo un mecanismo de auto defensa. Lo que le hace inmune a mi poder Telepático y también al de Lionel. Estuvimos en pruebas mucho tiempo, hasta que Amber nos pidió un favor. Claro le debíamos mucho, ella arriesgaba su empleo, ya que si hubiera sido por ella nos hubiera entregado a otro científicos para estudiarnos o cosas por el estilo. Algo que nos negábamos rotundamente con Lionel, así que nos mantuvo escondidos en aquel laboratorio. A cambio de ese gesto nos pidió que viniéramos aquí. Para… - Su voz tembló y soltó mis manos. – Su idea era cumplir su cometido de venganza Cathlen. Estaba totalmente en desacuerdo con ella. Pero no podía hacer nada para detenerla. Así que decidí venir, e intentar hacer todo lo posible para que Amber no cumpliera con ello. Pero las cosas no salieron como lo esperaba, tu te enteraste de mi poder, y Amber ya esta al tanto de mi postura. Claramente.
- Y Lionel, ¿el que piensa de todo esto?.
- No. El adora a Amber, por el se tiraría de un acantilado si ella se lo pidiera.- Nos quedamos en silencia un buen rato. ¿Como podía ser que el odio de mi prima fueran tan Sobre-Humano?
- ¿Y que puedo hacer, para terminar con todo esto? – La solo idea de la respuesta hacia que un escalofrío me invadiera por el cuerpo. Nunca le había temido a mi prima. Pero temía a su poder. El poder que tenía sobre Dilan.
- Tranquila Cathlen, no te preocupes de mí. Y yo me encargare de todo. No dejare que nada te pase. Lo prometo.
- Ella debe de estar escuchando ahora – El asintió con la cabeza. Mire hacia la puerta, y no podía oírse ni un solo ruido. Dilan tomo una hoja de papel y busco un lápiz en el cajón del armario, lo observe sin ni siquiera moverme. Luego me lo entrego.
“Te vendré a buscar a la madrugada. Ten tus cosas listas. Nos largaremos a donde no te pueda encontrar. Y pensaremos en como detenerla. No tengas miedo. Yo estoy contigo. Te quiero.”
Mire a Dilan con cariño, y me lancé a abrazarlo mientras chillaba como una niña. No podía ver nada solo oscuridad, las lágrimas me nublaban la visión. Dilan correspondió mi abrazo y me acaricio el pelo. En ese momento me sentí feliz, aunque sabía que no era el momento adecuado para estarlo. Pero si Dilan estaba a mi lado protegiéndome, todo era diferente. Ya no le temía a nada. El me daba las fuerzas de encarar hasta el problema más grande que pueda cruzarse por mi vida. Sin sentir ningún temor.
- Gracias por esto Dilan. En verdad, - Dilan acaricio mi mejilla con la palma de su mano mientras sonreía, esa sonrisa tan calida que me encantaba.
- Eres como un rayito de sol en la penumbra. Mi rayito de sol.
Lo mire con extrañeza.
- ¿Un rayito de sol?
- Si. Eres ese calor que se asoma porfiadamente entre las nubes. Iluminando lo que no se debe iluminar y calentando lo que no se debe calentar.
Me sonroje mientras decía esas palabras.
- Ah pues. Entonces… ¿tú eres aquello que no se debe iluminar?
- No. Soy aquello que no se deja iluminar. O lo que no se dejaba iluminar. - La expresion de Dilan era de confucion y luego de ellos enarco una ceja.
Lo mire sorprendida. Separe mis labios mientras pensaba en que responder. Pero el hablo antes que pudiera pronunciar algo.
- Pero cuando apareció ese rayito de sol en la penumbra, todo cambio. Ya no era penumbra. Fue como una explosión de radioactividad atómica para mí.
Mi cara era inexpresiva. Tenía la boca abierta por el asombro. No sabía si sonreír o si… La verdad es que no sabía que hacer. La felicidad y ese enorme aprecio que sentía por Dilan y que crecía cada segundo que pasaba a su lado ya no cabía en mi pecho. El corazón latía a punto de explotar. Y una adrenalina recorrió todo mi cuerpo dejándome intranquila. No entendía lo que sucedía. Dilan se acerco más a mí dirigiéndose a mis labios mientras acariciaba mi barbilla. Unos hormigueos me inundaron la zona del estomago eran las llamadas mariposas, esas que uno sentía cuando estaba enamorada. Pero esto era algo más no era un simple enamoramiento de adolescente. Lo podía ver bien claro. En el momento que Dilan rozó sus calidos y suaves labios con los míos, pude entender que lo que sentía por el era mucho más que amor. Algo que nunca había sentido o experimentado cualquier ser humano al cual yo conociera. No sabría como describirlo, era un sentimiento que no existía en ningún vocabulario. Ni menos en ningún diccionario.
- Amor inmortal. – Dije mientras besaba a Dilan.
- ¿Qué?-, corrió su rostro, y se quedo mirándome a pocos centímetros del mió.
- Te has convertido en mi amor inmortal. – Dilan soltó una risita por lo bajo. Y luego se puso serio de nuevo.
- Disculpa, me has agarrado con la guardia baja. Es complicado leerte el pensamiento mientras te beso ¡eh!
Le volví a abrazar con desenfreno.
- Sería mejor que durmieras.- Se levanto de la cama.
- Quédate conmigo.
- Nada me gustaría más. Pero debo hablar con Amber y Lionel.
- Claro, ¿y que pasara con Thomas y Kendra?
- No te preocupes por ellos. Yo me encargo. Ahora duerme.
Asentí con la cabeza y me metí a la cama, debajo de las colchas. Dilan se volvió para darme un beso en la frente.
- Buenas noches mi rayito de sol.- Su voz era dulce. Los ojos ya me estaban jugando en contra, me di la vuelta y apoye la cabeza sobre la almohada.
- Buenas noches mi penumbra terca…
Sentí su risa a lo lejos. Y luego el sonido de la puerta al cerrarse.
Comencé a preguntarme entre sueños lo que sucedería mañana. Tendría que hacer mis maletas rápidamente y haciendo el menos ruido posible. ¿Y que le diría a mi madre? Si le decía la verdad podría matarla de un infarto, y luego de reponerse, si salía viva de ello, llamaría al FBI de seguro. No, no podía contárselo. ¿Y a donde iríamos? Bueno eso no me preocupaba demasiado si Dilan se encontraba a mi lado. El sueño se hacía mas fuertes y mis débiles preocupaciones desaparecieron. Me entregue a los brazos de Morfeo.
lunes, 23 de febrero de 2009
Capítulo Nº Ocho.
Después del miedo viene el valor.
Amber me miraba con los ojos abiertos de par en par. Nuestras miradas se entrelazaron. Por un momento de segundos, sentí un silencio profundo. Ya no podía oír la discusión que provenía del primer piso. Hasta que Lionel soltó un fuerte grito.
- Dilan, debes concentrarte en lo nuestro. Tu sabes que no estamos aquí especialmente para vacacionar. - Los ojos de mi prima mostraron preocupación y se abrieron aun más. Miro hacia todos lados y camino hacia a mi con dificultad. Se tambaleaba de un lado a otro. Pensé en un momento que se desmayaría así que camine hacia ella, pero desvió su rumbo y se lanzo encima de una pequeña mesa de esquina tirándola al suelo. Sobre ella descansaba un hermoso florero de vidrio, que obviamente se quebró en mil pedasos al tocar el suelo. Enseguida Dilan y Lionel subieron la estrecha escalera.
- ¿Que sucedió? - Lionel miro a Amber con preocupación, mientras la levantaba del suelo. Estaba arta de tanto misterio y miraditas hipócritas. Me dejaban como una estúpida frente a todos. Porque para variar era la única que no sabía nada. El prolongado silencio que se formo fue incomodo y repulsivo.
- ¡Quiero que me digan, que diablos sucede aquí! - Mi voz sonó con tanta furia, que hasta yo quede perpleja. Todos me miraban con cara de asombro. Y se intercambiaban miradas entre ellos.
- Creo que deberías tranquilizarte - La voz de Amber me irritaba.
- Amber. Debemos decirle le verdad. - Amber abrió los ojos de par en par.
Sabía que ya no podían ocultarme más su "secreto", pues ya sabía parte de el.
- ¡Jamás! - Lionel miro a Amber y luego a Dilan. Me ignoro por completo.
Amber se acerco a mi, moderadamente. Con un rostro pasivo. Su voz era como siempre Hipócrita e irritante. Mostrando una superioridad de cultura. Que era en lo que más fallaba.
- Esto no tiene nada que ver contigo Cathlen. Es mejor que te mantengas a un lado.
- Tu no eres quien para aconsejarme - Sus ojos se mostraron desafiantes.
- No es un consejo. Es una orden. Yo estoy a cargo de todo esto. - No entendía en verdad a que se refería con que estaba a cargo de "todo esto". Pero no me iba a quedar callada.
- No permitiré que te interpongas es mis asuntos Amber, ya no más.
- Hay Cathlen. No has cambiado en nada. Sigues siendo esa estúpida chiquilla con esa inocencia fingida. Así no llegaras a ningún lado. No tienes futuro. - Sus palabras me hirieron de verdad. Pero no iba a permitir mostrarme mal. Ni menos llorar. Aunque lo único que quería hacer en ese instante era salir huyendo. Pero no. Debería ser fuerte. Debería luchar, por Dilan. No lo dejaría ir tan fácil, el se había vuelto parte de mi. Y separarme de el, me ocasionaría un gran sufrimiento.
Dilan me observaba atentamente. Y estaba segura de que había oído mis pensamientos.
- ¡Amber basta! - La voz de Dilan era aguda y estruendosa. Tomo mi mano delicadamente y tiro de ella para obligarme a entrar a mi habitación.
- Cuidado con lo que haces Dilan. - La postura de Amber era relajada pero su cuello se veía tenso.
Mire con furia a Amber, esta irónicamente me sonrió con los brazos cruzados. Se dio media vuelta y entro por la puerta de donde salió.
- Dilan. No cometas una locura. Te arrepentirás - Lionel se mostraba preocupado.
- Lose Lionel. Pero no tengo otra opción. - Entramos a mi habitación y el hecho pestillo.
Me acomode en la cama sentándome como indio. El se sentó para los pies. Estaba rígido. Me hubiera gustado poder tocarle, pero no estaba a mi alcancé, y temía que eso le molestara.
Amber me miraba con los ojos abiertos de par en par. Nuestras miradas se entrelazaron. Por un momento de segundos, sentí un silencio profundo. Ya no podía oír la discusión que provenía del primer piso. Hasta que Lionel soltó un fuerte grito.
- Dilan, debes concentrarte en lo nuestro. Tu sabes que no estamos aquí especialmente para vacacionar. - Los ojos de mi prima mostraron preocupación y se abrieron aun más. Miro hacia todos lados y camino hacia a mi con dificultad. Se tambaleaba de un lado a otro. Pensé en un momento que se desmayaría así que camine hacia ella, pero desvió su rumbo y se lanzo encima de una pequeña mesa de esquina tirándola al suelo. Sobre ella descansaba un hermoso florero de vidrio, que obviamente se quebró en mil pedasos al tocar el suelo. Enseguida Dilan y Lionel subieron la estrecha escalera.
- ¿Que sucedió? - Lionel miro a Amber con preocupación, mientras la levantaba del suelo. Estaba arta de tanto misterio y miraditas hipócritas. Me dejaban como una estúpida frente a todos. Porque para variar era la única que no sabía nada. El prolongado silencio que se formo fue incomodo y repulsivo.
- ¡Quiero que me digan, que diablos sucede aquí! - Mi voz sonó con tanta furia, que hasta yo quede perpleja. Todos me miraban con cara de asombro. Y se intercambiaban miradas entre ellos.
- Creo que deberías tranquilizarte - La voz de Amber me irritaba.
- Amber. Debemos decirle le verdad. - Amber abrió los ojos de par en par.
Sabía que ya no podían ocultarme más su "secreto", pues ya sabía parte de el.
- ¡Jamás! - Lionel miro a Amber y luego a Dilan. Me ignoro por completo.
Amber se acerco a mi, moderadamente. Con un rostro pasivo. Su voz era como siempre Hipócrita e irritante. Mostrando una superioridad de cultura. Que era en lo que más fallaba.
- Esto no tiene nada que ver contigo Cathlen. Es mejor que te mantengas a un lado.
- Tu no eres quien para aconsejarme - Sus ojos se mostraron desafiantes.
- No es un consejo. Es una orden. Yo estoy a cargo de todo esto. - No entendía en verdad a que se refería con que estaba a cargo de "todo esto". Pero no me iba a quedar callada.
- No permitiré que te interpongas es mis asuntos Amber, ya no más.
- Hay Cathlen. No has cambiado en nada. Sigues siendo esa estúpida chiquilla con esa inocencia fingida. Así no llegaras a ningún lado. No tienes futuro. - Sus palabras me hirieron de verdad. Pero no iba a permitir mostrarme mal. Ni menos llorar. Aunque lo único que quería hacer en ese instante era salir huyendo. Pero no. Debería ser fuerte. Debería luchar, por Dilan. No lo dejaría ir tan fácil, el se había vuelto parte de mi. Y separarme de el, me ocasionaría un gran sufrimiento.
Dilan me observaba atentamente. Y estaba segura de que había oído mis pensamientos.
- ¡Amber basta! - La voz de Dilan era aguda y estruendosa. Tomo mi mano delicadamente y tiro de ella para obligarme a entrar a mi habitación.
- Cuidado con lo que haces Dilan. - La postura de Amber era relajada pero su cuello se veía tenso.
Mire con furia a Amber, esta irónicamente me sonrió con los brazos cruzados. Se dio media vuelta y entro por la puerta de donde salió.
- Dilan. No cometas una locura. Te arrepentirás - Lionel se mostraba preocupado.
- Lose Lionel. Pero no tengo otra opción. - Entramos a mi habitación y el hecho pestillo.
Me acomode en la cama sentándome como indio. El se sentó para los pies. Estaba rígido. Me hubiera gustado poder tocarle, pero no estaba a mi alcancé, y temía que eso le molestara.
domingo, 22 de febrero de 2009
Capítulo Nº Siete.
Sobre-Humano.
Intente recordar como había llegado ahí. No tuve existo. Me levante de un salto de la cama, tirando la colcha al suelo. Un horrible y fuerte dolor me inundo en la parte superior de la cabeza, cerca de mi cien. ¿Que me pasaba?, no era un dolor de jaqueca, si no como que me abría golpeado. Lo ultimo que recordaba era...
- Cathlen, recuestaté. Aun no te has recuperado. - Dilan entro casi corriendo a la habitación y tomo mis brazos con sus manos guiándome a la cama. Obedecí, no me sentía nada de bien.
- Que... Sucedió Dilan. - Mi voz sonaba débil.
- Eh.. - Hizo una larga pausa. Desifre que estaba curioseando mi cerebro. Soltó una suave risa. Muy agradable para mi gusto. Si no lo fuera, hubiera sentido una punzada en la cabeza.
- Cathlen. Tu... ¿No recuerdas nada? - Sus ojos mostraron horror. Y la sonrisa se borro de su rostro de inmediato. Un escalofrío me recorrió todo el cuerpo. Estaba tan confundida, no entendía nada. Tocaron la puerta del cuarto. Dilan y yo miramos a esa dirección.
- ¿Como te sientes Cathlen? - Era Lionel. - ¿Pasa el dolor?
- Oh, si o eso creo. Gracias.
- Ha valla, me alegro. Ese fue un tremendo porrazo.
Abrí los ojos de par en par... ¿Acaso me había caído?. Bueno no lo dudaba, mis pies me fallaban de vez en cuando. ¿Pero tan fuerte para no recordar nada?. Esto me asustaba.
- Tranquila, estarás bien - La voz de Dilan me tranquilizaba. Apolle mi cabeza en la almuada. Lo ultimo que recordaba era la llegada de mi prima y las extrañas miradas de Dilan sobre ella. Algo irritante en verdad. Deje de pensar en ello.
- Creo que el caballo tuvo mas suerte que ti eh. - Levante rápidamente la cabeza. ¿Que decía Lionel?. ¿Un caballo?. Dilan supo de inmediato lo que pensaba e hizo callar de inmediato a Lionel.
- Eh Lionel. No recuerda nada de lo que sucedió. Sera mejor no atormentarla con eso.
- No no. Quiero saber que paso.
Lionel le lanzo una mirada de derrota a Dilan. Dilan no la correspondió ya que me observaba con unos ojos curiosos.
- Estabas en el terreno del al frente. Donde se encuentran los caballos. Y te llamo la atención uno blanco. Quisiste montarlo y te ayude... .- Dilan abrió los ojos como plato. - Digo... te montaste sola. Y... Dilan llego... e intento ayudarte... a bajar... y te golpeaste. Lionel se había puesto nervioso en su ultima frase, sudaba como nunca e incluso tartamudeaba en algunas palabras. Y cuando dijo que el me "había ayudado", el rostro se le deformo. Parecía que había dicho algo que no debería. Mire preocupada a Dilan.
- Un momento. ¿Estabas con ella? - La voz de Dilan demostraba un serio enojo. Sus ojos mostraban lo furioso que estaba. Yo no entendía nada. Alze mi brazo para acariciar el hombro de Dilan, que estaba sentado a los pies de mi cama. Note que estaba rígido como una piedra y se levanto muy rápidamente. Contrajo los puños y volvió a gritar - ¡Contesta Lionel!.
Lionel estaba perplejo, y no paraba de sudar. Pude darme cuenta que mentir no era su fuerte. Pero me preguntaba ¿Porque lo hacía?. ¿Acaso creía que le echaría la culpa por estar ahí conmigo?. Mil dudas me llenaron la cabeza. Otra cosa que me llamaba la atención era que... Si Dilan podía "oír mentes", sabría lo que piensa Lionel ¿No?. Dilan me lanzo una mirada fugaz. Me sentí aturdida y baje la vista.
- Oh vamos Dilan, me confundí nada más. Si hubiera estado con ella no hubiera permitido que hiciera tal cosa. Además no la abría dejado sola. -la expresión de Lionel volvió a tensarse.
La mirada de Dilan daba miedo, junto con su rígida postura. Disidí parar todo esto.
- Dejalo ya Dilan. - Me levante de la cama para tocarlo.
- Acuestate Cathlen, - Su voz seguía dos tonos más fuertes de lo normal, podía notar su furia. Baje mi cabeza apenada de no poder hacer nada. - Lo siento. Solo quiero que descanses. - Acaricio mi mejilla y me llevó de nuevo a la cama.
- Duerme, es tarde. Lionel vamos, necesita descansar - Caminaron hacía la puerta y salieron sin provocar ningún ruido, solo pude oír el crujido de la vieja puerta.
Intente dormirme pero me era imposible, solo sentía el fuerte dolor en la cabeza. Me levante para buscar alguna medicina para disminuir el dolor y así poder dormir. Abrí mi pequeño botiquín de auxilios. Mi madre siempre preparada para estos casos, me obligo a traerlo. No le discutí, pues sabía que podría utilizarlo. Pero resultaba vergonsozo. Salí de la habitación con rumbo al baño para poder pasar la pastilla por mi garganta con un poco de agua. Cuando iba por el pasillo oí unos fuertes gritos, en el primer piso. Era una discusión entre Lionel y Dilan.
- Algo me ocultas Lionel. Vamos di la verdad. - La voz de Dilan sonaba impaciente y aun más furiosa que cuando estaba en mi cuarto.
- Ya te dije. Solo me confundí.
- Oh vamos Lionel. Te conozco desde años. Y mira que a ti no te va nada bien el mentir. - Sabes que no puedo leerte la mente. ¡Pero no por eso me puedes tomar por un estúpido!
- Dilan, eres mi amigo. Yo jamás haría algo en tu contra y menos a Cathlen, que se que es importante para ti.- Mi corazón latía a mil por horas. Que feliz me sentía al escuchar esas palabras. Va, pero ese no era el momento oportuno para mi felicidad. Necesitaba saber que era lo que sucedía.
- Oh, no intentes convencerme con tu cariño Lionel. Cathlen no recuerda nada de lo que ocurrió luego de que salió del salón. Y valla resulta que tu disfrutas de la facultad de poder borrar la memoria de la gente a tu antojo. ¿Que coincidencia no?. - ¿Que?, resulta que ahora Lionel también tiene algún tipo de poder ¿sobre-natural?. ¿Acaso su novia Kendra también disfrutaba de alguno?. Empecé a marearme de tanta confusión. Me aferre a la manilla de la puerta del baño. En ese momento Amber sale de una habitación al frente mío. Nos miramos las dos con los ojos abiertos de par en par. Y pudo percatarse de la discusión que se cocinaba en el primer piso. Y también de que yo espiaba aquella conversación.
viernes, 20 de febrero de 2009
Capítulos Nº Seis
Defectuosos Actos.
Yo no le quitaba la vista de encima a Dilan. Pero no había caso. El no despegaba sus ojos de Amber. Tenía una sonrisa en el rostro, pero no llegaba esa "alegría" a sus ojos, que estaban atentos a cada movimiento de Amber. Me gire para observar a mi prima. Note que le decía algo en voz baja a Thomas. Y este le sonreía asintiendo con la cabeza. Kendra se percato de la extraña situación de la mirada de Dilan, y se sintió incomoda por ello. Me observo con los ojos bien abiertos. No pude soportar más, estaba enrabiada. Salí de habitación casi corriendo. Me dirigí a la entrada de la casa y salí al gran patio. Donde hace ya casi un día, casi me arrollaban una manda de caballos. Camine hacia unos árboles y vi que algo se movía. Pegué un gran salto al percatarme de que era un caballo. Pero me quede quieta cuando lo pude ver completo. Era aquel caballo que me había llamado la atención, la primera vez que llegue a este campo en el descapotable negro de Dilan. Me cerque con sumo cuidado a el, su cabellera se veía tan reluciente que parecía ceda. Alze mi mano para acariciarle. Estaba tranquilo y dispuesto a dejarse acariciar. Su cabello era suave, como el algodón y tan blanco como la nieve.
- ¿Te gustas los caballos?
- Oh. Lionel, me asustaste.
- Lo siento - Sonrío. Asentí con la cabeza sin dejar de acariciar al hermoso animal.
- Solo este - Lo mire con cara de niña pequeña.
- ¿Perdón?
- Digo que solo me gusta este caballo. Es tan hermoso y suave. - Mi voz sonaba con un tono bajo.
- Ha, ¿Te gustaría montarlo?
Abrí los ojos de par en par. Yo arriba de un caballo era un desastre.
- Eh, no yo ... no ... - No pude completar la frase, Lionel se me adelanto.
- Vamos, monta. Te ayudare. - Junto sus dos manos, para hacerme piecito e hizo un gesto con la cabeza para que aceptara. No me atreví a negarme, ese caballo era tan hermoso y si Lionel estaba conmigo, no abría problemas. Coloque mi pie entre sus manos, tome impulso y me subí.
- Sujetaté de su cabello. Pero no lo tires con fuerza.
- Ok. - Pude ver la sonrisa de Lionel, era agradable estar con el. Sentía que podía confiar en el. Era un chico alto, y su cabello era risado color castaño. Sus ojos era como una linea y sus pestañas eran cortas. Que suerte tenía Kendra al tener un novio como el. Era fuerte. Y siempre podría protegerla. Me sentí sola en ese momento. Contaba con la compañía de Lionel claro. Pero me sentía vacía.
Di vueltas por los árboles, perdí de vista por un momento a Lionel, e intente regresar al lugar en donde lo había dejado. Pero no se encontraba allí. Intente buscarlo por todo el terreno cercano pero no lo podía encontrar. El pánico se apodero de mi, las manos me sudaban. Un viento frío empezó a correr, era el mismo viento que me acompaño la noche pasada en plena oscuridad. Necesitaba ayuda. Quería bajarme de ese caballo y no podía. La distancia del caballo al suelo era relativamente mucha. Y si me lanzaba, las probabilidades de no partirme la cabeza eran pocas. No sabía donde estaba Lionel, como pudo dejarme sola ahí. O era muy confiado y pensaba que podría bajarme sola o yo era muy torpe para hacerlo sin ayuda.
Ya ni me movía, temía que el caballo enloqueciera como en las películas conmigo arriba. Pegué un grito de auxilio. Mala decisión, el caballo se asusto y echo a correr por entre los árboles. Tire de su cabello para intentar pararlo, pero eso causo el efecto contrario. Cerré los ojos con fuerza. El viento me hacia daño y no podía ver nada, solo me caían lágrimas.
- ¡Cathlen, sujetate fuerte! - Era la dulce voz de Dilan, que venía a detener al caballo. No tuve el valor de abrir los ojos. Pero me aferre al largo cuello del animal. Sentí como el aire dejo de enredarme el cabello y se detuvo bruscamente. Caí al suelo golpeándome contra un árbol la cabeza. Seguía con los ojos cerrados y una fuerte punzada me invadió por encima de la frente. Sentí los calientes brazos de Dilan que me tomo de la cintura y me apretó contra su pecho. Pude oír los latidos de su corazón, estaban agitados.
- ¿Te encuentras bien? - Su voz tenía un tono de preocupación. Abrí un ojo para poder observarle el rostro. Separe mis labios para intentar responderle. Pero no pude articular palabra.
- Tranquila, Ya lo se. - Apreté los ojos con fuerza y creo haberme quedado dormida. Porque cuando los abrí estaba recostada en la habitación de la casa blanca. Recostada en mi cama y tapada con una colcha.
Yo no le quitaba la vista de encima a Dilan. Pero no había caso. El no despegaba sus ojos de Amber. Tenía una sonrisa en el rostro, pero no llegaba esa "alegría" a sus ojos, que estaban atentos a cada movimiento de Amber. Me gire para observar a mi prima. Note que le decía algo en voz baja a Thomas. Y este le sonreía asintiendo con la cabeza. Kendra se percato de la extraña situación de la mirada de Dilan, y se sintió incomoda por ello. Me observo con los ojos bien abiertos. No pude soportar más, estaba enrabiada. Salí de habitación casi corriendo. Me dirigí a la entrada de la casa y salí al gran patio. Donde hace ya casi un día, casi me arrollaban una manda de caballos. Camine hacia unos árboles y vi que algo se movía. Pegué un gran salto al percatarme de que era un caballo. Pero me quede quieta cuando lo pude ver completo. Era aquel caballo que me había llamado la atención, la primera vez que llegue a este campo en el descapotable negro de Dilan. Me cerque con sumo cuidado a el, su cabellera se veía tan reluciente que parecía ceda. Alze mi mano para acariciarle. Estaba tranquilo y dispuesto a dejarse acariciar. Su cabello era suave, como el algodón y tan blanco como la nieve.
- ¿Te gustas los caballos?
- Oh. Lionel, me asustaste.
- Lo siento - Sonrío. Asentí con la cabeza sin dejar de acariciar al hermoso animal.
- Solo este - Lo mire con cara de niña pequeña.
- ¿Perdón?
- Digo que solo me gusta este caballo. Es tan hermoso y suave. - Mi voz sonaba con un tono bajo.
- Ha, ¿Te gustaría montarlo?
Abrí los ojos de par en par. Yo arriba de un caballo era un desastre.
- Eh, no yo ... no ... - No pude completar la frase, Lionel se me adelanto.
- Vamos, monta. Te ayudare. - Junto sus dos manos, para hacerme piecito e hizo un gesto con la cabeza para que aceptara. No me atreví a negarme, ese caballo era tan hermoso y si Lionel estaba conmigo, no abría problemas. Coloque mi pie entre sus manos, tome impulso y me subí.
- Sujetaté de su cabello. Pero no lo tires con fuerza.
- Ok. - Pude ver la sonrisa de Lionel, era agradable estar con el. Sentía que podía confiar en el. Era un chico alto, y su cabello era risado color castaño. Sus ojos era como una linea y sus pestañas eran cortas. Que suerte tenía Kendra al tener un novio como el. Era fuerte. Y siempre podría protegerla. Me sentí sola en ese momento. Contaba con la compañía de Lionel claro. Pero me sentía vacía.
Di vueltas por los árboles, perdí de vista por un momento a Lionel, e intente regresar al lugar en donde lo había dejado. Pero no se encontraba allí. Intente buscarlo por todo el terreno cercano pero no lo podía encontrar. El pánico se apodero de mi, las manos me sudaban. Un viento frío empezó a correr, era el mismo viento que me acompaño la noche pasada en plena oscuridad. Necesitaba ayuda. Quería bajarme de ese caballo y no podía. La distancia del caballo al suelo era relativamente mucha. Y si me lanzaba, las probabilidades de no partirme la cabeza eran pocas. No sabía donde estaba Lionel, como pudo dejarme sola ahí. O era muy confiado y pensaba que podría bajarme sola o yo era muy torpe para hacerlo sin ayuda.
Ya ni me movía, temía que el caballo enloqueciera como en las películas conmigo arriba. Pegué un grito de auxilio. Mala decisión, el caballo se asusto y echo a correr por entre los árboles. Tire de su cabello para intentar pararlo, pero eso causo el efecto contrario. Cerré los ojos con fuerza. El viento me hacia daño y no podía ver nada, solo me caían lágrimas.
- ¡Cathlen, sujetate fuerte! - Era la dulce voz de Dilan, que venía a detener al caballo. No tuve el valor de abrir los ojos. Pero me aferre al largo cuello del animal. Sentí como el aire dejo de enredarme el cabello y se detuvo bruscamente. Caí al suelo golpeándome contra un árbol la cabeza. Seguía con los ojos cerrados y una fuerte punzada me invadió por encima de la frente. Sentí los calientes brazos de Dilan que me tomo de la cintura y me apretó contra su pecho. Pude oír los latidos de su corazón, estaban agitados.
- ¿Te encuentras bien? - Su voz tenía un tono de preocupación. Abrí un ojo para poder observarle el rostro. Separe mis labios para intentar responderle. Pero no pude articular palabra.
- Tranquila, Ya lo se. - Apreté los ojos con fuerza y creo haberme quedado dormida. Porque cuando los abrí estaba recostada en la habitación de la casa blanca. Recostada en mi cama y tapada con una colcha.
jueves, 19 de febrero de 2009
Capítulo Nº Cinco.
La Visita.
Hablaba de perfección mientras estaba a punto de besar a la perfección misma. Dilan Kurt. Sentí su aliento cerca de mi boca. Y en ese instante... Sonó mi teléfono móvil. ¡Maldito teléfono!
- Oh, valla que oportuno - Tomo su cabellera larga colocándola hacia atrás con su mano. Se separo de mi. Eso me hizo ver que debía contestar. Aunque no tenia ninguna intención de hacerlo.
- Oh, disculpame un momento.- Saque el móvil del bolsillo de mi jeans y conteste.
- ¿Diga?
- Hola mija, son tu Tía Marta. ¿Como estas?
- Tía.. Bien. ¿Que sucede?
- ¡Hay!, es que no adivinas quien los visitara en mi ausencia para cuidarlos.
- Valla al grano ¡Por Dios! - Detestaba ese tipo de sorpresas o adivinanzas. Y más en ese momento que estaba a punto de ... eh bueno eso.
- Oh Cathlen, ¡tu querida prima!
- ¿¡Queeeeeeeeeeeeeeeeeeeee!? - no no, no podía ser. No. Dilan me observo con cara de asombro o asustado. - ¿Que sucede Cathlen? - Lo mire enfadada, no era necesario que preguntara eso si sabía "leer mentes".
- Cathlen, ¿Estas ahí?
- Si Tía.
- Solo comportense. Ok. - Colgué de inmediato el móvil.
No podía ser. Mi relación con mi prima Amber era atroz. Ella era el mismísimo diablo. Era manipuladora, envidiosa. Aunque yo nunca veo en que podría envidiarme a mi. Si ella tiene un trabajo estupendo y gana millones. Trabaja en un Laboratorio. No se la verdad que hace allí. Son experimentos secretos. Desde los 13 años que nos odiábamos una a la otra. Nuestros lazos terminaron luego de que un tipo se interpuso entre nosotras. Al final terminamos perdiendo las dos y sufriendo claro, por el tipo.
- Así que nos visitara tu prima Amber. - Dijo Dilan llevando su mano a la barbilla.
Puse los ojos en blanco. Estaba tan enojada. No soportaba la idea de compartir mis vacaciones con ella.
- Te ves tan graciosa enfadada.
- No es gracioso. Es horrible.
- Ok, ok. Ve a arreglarte nos iremos de caminata. Almorzaremos allá. Lo mire con cara de mil preguntas.- ¿No querrás darle la bienvenida a tu prima no?, así que sera mejor que salgamos. Mm, buena idea dije para mi. Subí de inmediato a mi habitación. Tome mi mochila azul y eche unas cuantas cosas. Mi bloqueador, una botella con agua, y trapos.
Baje las escaleras corriendo con la mochila recargada en un hombro. Vi en la sala principal a Lionel y Kendra sentados en el viejo sofá que se encontraba en la entrada de la sala. Se levantaron a penas me vieron muy tranquilos. Como si nada los apurara. Camine hacia la sala lentamente, algo no me latía bien. Y no estaba segura de querer descubrirlo. Eche un vistaso por toda la sala, intentaba buscar a Dilan, pero no se encontraba ahí.
Solo vi a una mujer de 22 años con el pelo totalmente rubio, liso que le llegaba un poco mas abajo de los hombres. Tenía una piel blanca como el papel. Y utilizaba lentes de contacto color verdes. Podía verse que era un mujer importante, pero parecía una niña a la vez. Admito que era hermosa. Podría confundirle con un ángel, pero para mi era el mismo diablo en persona. Era mi prima Amber. La persona a quien más evitaba.
- ¡Prima! Tanto tiempo sin verte. - Se acerco a mi y me abrazo.
Yo solo puse cara de asombro y desagrado. No podía ser mas grande la soniques. Se alejo de mi rápidamente y se dirigió a Lionel y Kendra.
- Gracias por su resivimiento. - Esbozo una gran sonrisa que dejaba ver sus hermosos dientes blancos. Lionel y Kendra asintieron con la cabeza.
- ¿Donde estará Dilan? - Dijo Kendra con su voz suave y baja.
- Aquí estoy - Se encontraba de pie a mi lado y con una sonrisa de oreja a oreja.
Amber se acerco a el sin mirarle. Y cuando estuvo al frente de el. Levanto la vista para mirarlo. Cuando alzo la vista, sus ojos se abrieron de par en par. Abrió la boca para saludarlo pero la voz no le salio.
- Tu eres Amber, ¿no?. Mi nombre es Dilan. Dilan Kurt -, su voz era tan angelical. Y pronunciaba su nombre tan elegante. Amber no reaccionaba, ni siquiera pestañeaba. Me entro un coraje, porque no se quitaban la mira de encima.
- Ho...Ho...la - Amber retrocedió unos cuantos pasos. En ese instante entra Thomas con un bolso en las manos.
- ¡Amber!, que gusto. ¿Que haces aquí? - Dejo el bolso en el suelo y fue a abrazarla. Los tres solíamos jugar cuando niños, eramos amigos de niñees. Pero todo había cambiado desde que peleamos con Amber. Ella le correspondió el abrazo, pero aun no hablaba.
Mire a Dilan, para ver si aun la miraba. Y lo hacía. Me preguntaba que le pasaba. Nunca lo había visto ver a alguien así. Ni siquiera a mi me miraba de ese modo. No se si eran celos lo que sentía, o era algo que ocultaban sus miradas. Todo era tan extraño. Más extraño de lo que estaba.
miércoles, 18 de febrero de 2009
Capítulo Nº Cuatro.
Consecuencias.
Era de madrugada y mi estomago gruñía pidiendo alimento. De la rabia anoche no había comido nada. Baje las escaleras cuidadosamente para no despertar a nadie, no quería compañía a estas horas. Solo un rostro quería ver, el de Dilan claro. Anduve por el pasillo para poder llegar a la cocina que se encontraba al final de este. Ahí se encontraban tres puertas, una de ellas pertenecía a la de Dilan, pero no estaba segura de cual era, pase las dos primeras que estaban cerradas. Pero lo ultima estaba entre abierta eche una mirada mientras caminaba en puntillas para mirar. Se sentía la respiración de alguien, era agitada, pero no eran ronquidos. Solo respiración. Intente mirarle la cara y en eso alguien toca mi espalda, salte del susto. Era Dilan.
- No es bueno espiar a la gente - Dijo sonriendo irónicamente.
- Tonto, me asustaste.
- Lo siento. ¿Qué haces aquí? Si es que se puede saber claro - Guiño un ojo.
- Solo vine a comer.
- Jajaja, dale vamos.
Lo mire de reojos y camine hacia la cocina mirando el suelo.
- ¿Qué deseas comer? - Valla aparte de guapo este chico sabía cocinar.
- Unos huevos revueltos. - Le sonreí, como le sonreía a un mozo al pedir mi orden.
Me senté en la mesa redonda que se encontraba al centro de la cocina, mientras que Dilan preparaba los huevos y ponía a hervir la tetera. Me limite a observar todos los movimientos que realizaba, en verdad se veía perfecto. Me lo imagine como mi marido, preparándome el desayuno. El soltó una fuerte carcajada. ¡Ups! Se me había olvidado por completo que podía escuchar lo que pensaba, oh bueno, hasta donde lo creía. Me puse roja como tomate. Me llamo la atención como andaba vestido, era muy temprano para estar levantado. Llevaba puesta un camisa de satín y unos jeans desgastados.
- Te preguntas porque estoy vestido - Me miro a los ojos y enarco una ceja.
- ¿Cómo es que puedes saber lo que pienso?
- Olvidalo, es mejor no involucrarte en eso. - Su voz era forzada.
- Ya estoy involucrada-, dije con seriedad.
- Cathlen, solo olvidalo. - Se estaba enfadando,- Ten, come.
Asentí con la cabeza, pero no olvidaría todo ese enredo. Llegaría a la verdad sea como sea y el escucho mi pensamiento sobre eso. Bajo la cabeza y la recargó sobre sus manos apoyadas en la mesa.
- ¿Y qué quieres hacer hoy? - No se a donde venia su pregunta.
- No lo se. Creo que me quedare en casa, es mejor.
- Pero no puedes quedarte, digo sola. - Se noto preocupado y le mire tenia unos ojos distintos que los de anoche, estos eran verdes claros y no brillaban. Eran los ojos de un chico normal.
- Esta bien. En ese caso, yo también me quedare.- Termino la frase dando un golpe a la mesa con su puño.
- Oh no, no lo hagas por mi.
Me miro sorprendido.
- No lo hago por ti - Enarco un ceja. No sabía si tomármelo mal o que. Este chico si que era raro - Lo hago por mi.- Esbozo una amplia sonrisa.
Los dos soltamos una risa, y lo más increíble es que no sabíamos ni el porque. En ese instante entro a la cocina Thomas. Tenía una cara de enojo. Se había despertado por nuestras risas.
- ¡Valla!. Que hacen despiertos tan temprano. - El tono de su voz era confuso, no sabía si intentaba ser gracioso o era uno más de los interrogatorios parecidos a los que me hacía mi padre luego de una fiesta. Dilan lo observo unos segundos y se sonrío.
- Cathlen tenía hambre, y yo desperté muy temprano y me la encontré aquí. - Dijo Dilan con su voz perfecta. Decidí que era un buen momento para desaparecer de ahí, temía que Thomas empezara a regañarme al igual que mi padre por no despertarlo.
- Bueno iré a darme una ducha, permiso. -, Me levante de la mesa y me dirigí a mi cuarto. Elegí la ropa que me pondría y me fui directo al baño. Cuando termine de encremarme y todas esas cosas baje a la cocina. Ahí me encontré a la Tía Marta, que estaba cocinando.
- Hija mía, puedes terminar tu el almuerzo. Debo salir con urgencia al Pueblo y no volveré en una semana. Discúlpame.
La mire con cara de horror.
- ¡Pero Tía no nos puede dejar solos! - Se seco las manos y camino hacia la puerta.
- Cuídate mija. No veremos pronto. Y cuida de los muchachos.
- ¡Pero! - De nada servía seguir discutiendo. Se monto en el coche y salió.
Dios esto era un gran problema. La Tía Marta nos había dejado solos. A cinco menores de edad y con un chico que lee mentes, grandioso.
- Jajaja, no te preocupes, estaremos bien. - La voz provenía del pasillo, me di la vuelta y ahí estaba Dilan apoyado en una pared. Me di la vuelta para sacar la olla del fuego. No podía creer que desde ahora estaba sola. Deseaba estar en mi casa.
- Tranquila, yo estoy aquí. Contigo. - Dilan me sorprendió aunque no debería.
Se acerco a mi para abrazarme.
- Tu todo sabes no. - repose mi cabeza sobre su hombro mientras sus brazos me rodeaban. Una lágrima me cayó por las mejillas. No estaba triste, era solo que la frustración me agotaba. No soportaba la idea de que algo saliera mal. En el instante en que Dilan roso su mejilla contra mi frente mis frustración desapareció. Me di cuenta en la postura que estaba. Parecíamos novios. Me sonroje. Intente controlar mis pensamientos sabía que el estaba atento ante cualquier cosa. Pero era difícil. Uno no puede controlar los impulsos. Nos separamos unos centímetros. Me miro a los ojos y me susurro.
- ¿De verdad quieres eso? - Agache la cabeza sonrojaba. Su boca era lo que quería. Presiono sus labios contra mi frente y me abrazo más fuerte.
- Bueno te daré lo que quieres. - Mi cuerpo se agarroto y se me olvido hasta de respirar. Mire sus bellos ojos mientras su boca se acercaba lentamente hacia la mía. Todo era tan perfecto. Pero la perfección no existe... ¿o si?
Era de madrugada y mi estomago gruñía pidiendo alimento. De la rabia anoche no había comido nada. Baje las escaleras cuidadosamente para no despertar a nadie, no quería compañía a estas horas. Solo un rostro quería ver, el de Dilan claro. Anduve por el pasillo para poder llegar a la cocina que se encontraba al final de este. Ahí se encontraban tres puertas, una de ellas pertenecía a la de Dilan, pero no estaba segura de cual era, pase las dos primeras que estaban cerradas. Pero lo ultima estaba entre abierta eche una mirada mientras caminaba en puntillas para mirar. Se sentía la respiración de alguien, era agitada, pero no eran ronquidos. Solo respiración. Intente mirarle la cara y en eso alguien toca mi espalda, salte del susto. Era Dilan.
- No es bueno espiar a la gente - Dijo sonriendo irónicamente.
- Tonto, me asustaste.
- Lo siento. ¿Qué haces aquí? Si es que se puede saber claro - Guiño un ojo.
- Solo vine a comer.
- Jajaja, dale vamos.
Lo mire de reojos y camine hacia la cocina mirando el suelo.
- ¿Qué deseas comer? - Valla aparte de guapo este chico sabía cocinar.
- Unos huevos revueltos. - Le sonreí, como le sonreía a un mozo al pedir mi orden.
Me senté en la mesa redonda que se encontraba al centro de la cocina, mientras que Dilan preparaba los huevos y ponía a hervir la tetera. Me limite a observar todos los movimientos que realizaba, en verdad se veía perfecto. Me lo imagine como mi marido, preparándome el desayuno. El soltó una fuerte carcajada. ¡Ups! Se me había olvidado por completo que podía escuchar lo que pensaba, oh bueno, hasta donde lo creía. Me puse roja como tomate. Me llamo la atención como andaba vestido, era muy temprano para estar levantado. Llevaba puesta un camisa de satín y unos jeans desgastados.
- Te preguntas porque estoy vestido - Me miro a los ojos y enarco una ceja.
- ¿Cómo es que puedes saber lo que pienso?
- Olvidalo, es mejor no involucrarte en eso. - Su voz era forzada.
- Ya estoy involucrada-, dije con seriedad.
- Cathlen, solo olvidalo. - Se estaba enfadando,- Ten, come.
Asentí con la cabeza, pero no olvidaría todo ese enredo. Llegaría a la verdad sea como sea y el escucho mi pensamiento sobre eso. Bajo la cabeza y la recargó sobre sus manos apoyadas en la mesa.
- ¿Y qué quieres hacer hoy? - No se a donde venia su pregunta.
- No lo se. Creo que me quedare en casa, es mejor.
- Pero no puedes quedarte, digo sola. - Se noto preocupado y le mire tenia unos ojos distintos que los de anoche, estos eran verdes claros y no brillaban. Eran los ojos de un chico normal.
- Esta bien. En ese caso, yo también me quedare.- Termino la frase dando un golpe a la mesa con su puño.
- Oh no, no lo hagas por mi.
Me miro sorprendido.
- No lo hago por ti - Enarco un ceja. No sabía si tomármelo mal o que. Este chico si que era raro - Lo hago por mi.- Esbozo una amplia sonrisa.
Los dos soltamos una risa, y lo más increíble es que no sabíamos ni el porque. En ese instante entro a la cocina Thomas. Tenía una cara de enojo. Se había despertado por nuestras risas.
- ¡Valla!. Que hacen despiertos tan temprano. - El tono de su voz era confuso, no sabía si intentaba ser gracioso o era uno más de los interrogatorios parecidos a los que me hacía mi padre luego de una fiesta. Dilan lo observo unos segundos y se sonrío.
- Cathlen tenía hambre, y yo desperté muy temprano y me la encontré aquí. - Dijo Dilan con su voz perfecta. Decidí que era un buen momento para desaparecer de ahí, temía que Thomas empezara a regañarme al igual que mi padre por no despertarlo.
- Bueno iré a darme una ducha, permiso. -, Me levante de la mesa y me dirigí a mi cuarto. Elegí la ropa que me pondría y me fui directo al baño. Cuando termine de encremarme y todas esas cosas baje a la cocina. Ahí me encontré a la Tía Marta, que estaba cocinando.
- Hija mía, puedes terminar tu el almuerzo. Debo salir con urgencia al Pueblo y no volveré en una semana. Discúlpame.
La mire con cara de horror.
- ¡Pero Tía no nos puede dejar solos! - Se seco las manos y camino hacia la puerta.
- Cuídate mija. No veremos pronto. Y cuida de los muchachos.
- ¡Pero! - De nada servía seguir discutiendo. Se monto en el coche y salió.
Dios esto era un gran problema. La Tía Marta nos había dejado solos. A cinco menores de edad y con un chico que lee mentes, grandioso.
- Jajaja, no te preocupes, estaremos bien. - La voz provenía del pasillo, me di la vuelta y ahí estaba Dilan apoyado en una pared. Me di la vuelta para sacar la olla del fuego. No podía creer que desde ahora estaba sola. Deseaba estar en mi casa.
- Tranquila, yo estoy aquí. Contigo. - Dilan me sorprendió aunque no debería.
Se acerco a mi para abrazarme.
- Tu todo sabes no. - repose mi cabeza sobre su hombro mientras sus brazos me rodeaban. Una lágrima me cayó por las mejillas. No estaba triste, era solo que la frustración me agotaba. No soportaba la idea de que algo saliera mal. En el instante en que Dilan roso su mejilla contra mi frente mis frustración desapareció. Me di cuenta en la postura que estaba. Parecíamos novios. Me sonroje. Intente controlar mis pensamientos sabía que el estaba atento ante cualquier cosa. Pero era difícil. Uno no puede controlar los impulsos. Nos separamos unos centímetros. Me miro a los ojos y me susurro.
- ¿De verdad quieres eso? - Agache la cabeza sonrojaba. Su boca era lo que quería. Presiono sus labios contra mi frente y me abrazo más fuerte.
- Bueno te daré lo que quieres. - Mi cuerpo se agarroto y se me olvido hasta de respirar. Mire sus bellos ojos mientras su boca se acercaba lentamente hacia la mía. Todo era tan perfecto. Pero la perfección no existe... ¿o si?
martes, 17 de febrero de 2009
Capítulo Nº Tres.
¿Alucinación?
Sentí como el tiempo se congelaba en aquel lugar. Me tiritaban las piernas y me temblaban las manos. En ese momento sentí un vació en mi cabeza. No pensaba nada. Y oía ¿voces?. Dios que me pasaba, me sentía como una loca. Oía una voz dulce pero lejana, y no era la de Thomas o los demás chicos. Era una voz que no se producía con palabras ni salia de la boca. Era una voz mental. Le puse atención a ese terco sonido en mi mente. Pronunsiaba mi nombre una y otra vez. Deseaba encontrarme. ¡Oh por Dios era Dilan!
- Cathleen donde te encuentras, vamos piensalo.- Retumbaba su dulce voz en mi cabeza. ¿Como podía ocurrir eso? Me limite a imaginarme en mi mente el lugar donde estaba. Todo era tan oscuro que no sabía realmente que imaginar y no podía pensar otra cosa que en esa suave voz de Dilan. ¿Sería una alucinación?. ¿Una bella y estúpida alucinación?. En estos momentos. Me había olvidado por completo de los caballos que venían hacia a mi. Lance un grito desesperado y fue cuando sentí los duros y cálidos brazos de Dilan rodeándome y saltando hacia un árbol conmigo encima. Mi respiración se acelero junto con la de el. No podía ver nada, solo vi sus ojos que brillaban, era lo único que podía ver, era plateados como los de un gato. Pero más hermosos, y no eran con postura de asecho más bien dulces.
- No tengas miedo - Susurro a mi oído. - Aquí estoy.
No reaccionaba, esta endurecida y no podía soltar ninguna palabra. Mi mente solo intentaba recordar esa voz. Me bajo cuidadosamente del árbol y me sentó en el suelo. Apoye mi espalda contra el tronco. No le quitaba mi vista de sus ojos, que era lo único que podía observar. Me soltó las manos y se alejo.
Ya no podía ver los brillantes ojos y todo era oscuridad. El sonido de los caballos se alejaban y oía a los lejos los gritos de Thomas y los demás.
- No le digas a nadie lo que a sucedido - Sentí de nuevo la voz de Dilan y mire hacia todos lados buscando esa dos luces plateadas, pero no las encontré y me di cuenta de que era mi mente de donde provenía la voz. Vi a lo lejos una luz plateada. Pensé por un momento que era Dilan, pero luego me di cuenta de que era la luz de una linterna. Era Thomas que venía hacia mi con los demás chicos. Entramos a la casa y me sirvieron un Té caliente. Mire hacia todos lados intentando buscar a Dilan, pero no se encontraba ahí.
- ¿Donde se encuentra Dilan? - Pregunte mostrando más de lo debido mi preocupación.
Kellan me lanzo una mirada. No pude percatarme si era de furia o sorpresa.
- Fue a buscar ayuda, por si salias lastimada - Dijo con con tranquilidad.
- Lo llamare para que se devuelva - Kendra tomo el teléfono móvil y marco.
No entendía nada de lo que estaba pasando. Decidí ir a mi cuarto para descansar. La Tía Marta me dio unas brazadas para la cama y me fui a dormir. Cuando entre a la habitación vi un bulto en la cama, me asuste y pegué un grito. Mi boca no alcanzo a soltar el chillido. Dilan había tapado mi boca suavemente.
- ¿Qué haces aquí?, la Tía te puede ver, y abra problemas.
- Tranquila, ella no se enterara. Soy bueno en esto. Créeme - Sonrió.
- Ok. ¿Y que necesitas? - No tenia intenciones de charlar de lo sucedido. Necesitaba aclarar mis ideas y saber si mi "Alucinación" era cierta o no.
Soltó una fuerte risa.
- ¿De que te ríes? - Dije con enfado en la voz.
- Nada nada. Vine a hablar de tu "Alucinación" - Hizo las comillas con los dedos mientras se reía. - Se tus dudas, y pretendo aclararlas.
Ahora entendía aun menos. Estaba hecha un lío.
- ¿Eras tu realmente, el de la voz... en mi cabeza? - ¡Dios, eso sonaba totalmente estúpido, me sentía como una demente!
- Jajaja, es extraño no.
Lo mire enojada, sentía que se reía de mi.
- Lo siento. Yo soy el del problema. - Se puso serio.
- Oh, gracias a tu "problema" salvaste mi vida. Gracias - Agache mi cabeza, me estaba sonrojando y eso no era bueno para mi.
- Tengo una duda. - Pensé que sabría cual era, así que espere para que me contestara. Pasaron unos segundo y puso cara de pocos amigos.
- ¿Cuál? -
- Oh, pensé que la sabrías.
- Te refieres a lo de la voz en tu cabeza. - Soltó otra risa.
- Mm no aun esa no. ¿Porque le dijiste a los demás que irías a buscar ayuda, porque les mentiste?
- Oh ¿tanto te preocupa que mienta? - Miro hacia la puerta asustado - Debo irme, duérmete.
- Pero... - De nada servía hablar, se había marchado.
Me acoste y me tape con las brazadas que me había entregado la Tía Marta. No entendia lo que sucedia. Pero estaba agradecida de que Dilan salvara mi vida. Pero tenia que descubrir que era lo que pasaba. Y esa voz. Esa suave voz. Tenía que averiguar como podía hacer eso.
Sentí como el tiempo se congelaba en aquel lugar. Me tiritaban las piernas y me temblaban las manos. En ese momento sentí un vació en mi cabeza. No pensaba nada. Y oía ¿voces?. Dios que me pasaba, me sentía como una loca. Oía una voz dulce pero lejana, y no era la de Thomas o los demás chicos. Era una voz que no se producía con palabras ni salia de la boca. Era una voz mental. Le puse atención a ese terco sonido en mi mente. Pronunsiaba mi nombre una y otra vez. Deseaba encontrarme. ¡Oh por Dios era Dilan!
- Cathleen donde te encuentras, vamos piensalo.- Retumbaba su dulce voz en mi cabeza. ¿Como podía ocurrir eso? Me limite a imaginarme en mi mente el lugar donde estaba. Todo era tan oscuro que no sabía realmente que imaginar y no podía pensar otra cosa que en esa suave voz de Dilan. ¿Sería una alucinación?. ¿Una bella y estúpida alucinación?. En estos momentos. Me había olvidado por completo de los caballos que venían hacia a mi. Lance un grito desesperado y fue cuando sentí los duros y cálidos brazos de Dilan rodeándome y saltando hacia un árbol conmigo encima. Mi respiración se acelero junto con la de el. No podía ver nada, solo vi sus ojos que brillaban, era lo único que podía ver, era plateados como los de un gato. Pero más hermosos, y no eran con postura de asecho más bien dulces.
- No tengas miedo - Susurro a mi oído. - Aquí estoy.
No reaccionaba, esta endurecida y no podía soltar ninguna palabra. Mi mente solo intentaba recordar esa voz. Me bajo cuidadosamente del árbol y me sentó en el suelo. Apoye mi espalda contra el tronco. No le quitaba mi vista de sus ojos, que era lo único que podía observar. Me soltó las manos y se alejo.
Ya no podía ver los brillantes ojos y todo era oscuridad. El sonido de los caballos se alejaban y oía a los lejos los gritos de Thomas y los demás.
- No le digas a nadie lo que a sucedido - Sentí de nuevo la voz de Dilan y mire hacia todos lados buscando esa dos luces plateadas, pero no las encontré y me di cuenta de que era mi mente de donde provenía la voz. Vi a lo lejos una luz plateada. Pensé por un momento que era Dilan, pero luego me di cuenta de que era la luz de una linterna. Era Thomas que venía hacia mi con los demás chicos. Entramos a la casa y me sirvieron un Té caliente. Mire hacia todos lados intentando buscar a Dilan, pero no se encontraba ahí.
- ¿Donde se encuentra Dilan? - Pregunte mostrando más de lo debido mi preocupación.
Kellan me lanzo una mirada. No pude percatarme si era de furia o sorpresa.
- Fue a buscar ayuda, por si salias lastimada - Dijo con con tranquilidad.
- Lo llamare para que se devuelva - Kendra tomo el teléfono móvil y marco.
No entendía nada de lo que estaba pasando. Decidí ir a mi cuarto para descansar. La Tía Marta me dio unas brazadas para la cama y me fui a dormir. Cuando entre a la habitación vi un bulto en la cama, me asuste y pegué un grito. Mi boca no alcanzo a soltar el chillido. Dilan había tapado mi boca suavemente.
- ¿Qué haces aquí?, la Tía te puede ver, y abra problemas.
- Tranquila, ella no se enterara. Soy bueno en esto. Créeme - Sonrió.
- Ok. ¿Y que necesitas? - No tenia intenciones de charlar de lo sucedido. Necesitaba aclarar mis ideas y saber si mi "Alucinación" era cierta o no.
Soltó una fuerte risa.
- ¿De que te ríes? - Dije con enfado en la voz.
- Nada nada. Vine a hablar de tu "Alucinación" - Hizo las comillas con los dedos mientras se reía. - Se tus dudas, y pretendo aclararlas.
Ahora entendía aun menos. Estaba hecha un lío.
- ¿Eras tu realmente, el de la voz... en mi cabeza? - ¡Dios, eso sonaba totalmente estúpido, me sentía como una demente!
- Jajaja, es extraño no.
Lo mire enojada, sentía que se reía de mi.
- Lo siento. Yo soy el del problema. - Se puso serio.
- Oh, gracias a tu "problema" salvaste mi vida. Gracias - Agache mi cabeza, me estaba sonrojando y eso no era bueno para mi.
- Tengo una duda. - Pensé que sabría cual era, así que espere para que me contestara. Pasaron unos segundo y puso cara de pocos amigos.
- ¿Cuál? -
- Oh, pensé que la sabrías.
- Te refieres a lo de la voz en tu cabeza. - Soltó otra risa.
- Mm no aun esa no. ¿Porque le dijiste a los demás que irías a buscar ayuda, porque les mentiste?
- Oh ¿tanto te preocupa que mienta? - Miro hacia la puerta asustado - Debo irme, duérmete.
- Pero... - De nada servía hablar, se había marchado.
Me acoste y me tape con las brazadas que me había entregado la Tía Marta. No entendia lo que sucedia. Pero estaba agradecida de que Dilan salvara mi vida. Pero tenia que descubrir que era lo que pasaba. Y esa voz. Esa suave voz. Tenía que averiguar como podía hacer eso.
viernes, 13 de febrero de 2009
Capítulo Nº Dos.
Incógnitas.
Tomo la carretera principal a una gran velocidad. Intente no demostrar mi miedo y desconfianza. Me preguntaba una y otra vez porque me había subido a aquel auto. Pero no me arrepentía.
- Oh, lo siento no me eh presentado. - Sonrió amistosamente, le devolví la sonrisa. - Mi nombre es Dilan, Dilan Kurt.
- Eh. Un gusto conocerte Dilan. - Baje la cabeza sonrojándome. Pronunciar su nombre sonaba algo extraño y mi corazón se comportaba de una forma extraña.
- Soy uno de los amigos de Thomas, el me envió a recogerte. - Soltó una risa. - Tomo de más y no estaba en condiciones de manejar.
- Valla, muchas gracias por venir. - Asintió con la cabeza sin dejar de mirar la carretera.
Luego de aquella conversación, nos fuimos en silencio todo el resto del camino. Me limite a mirar el paisaje verde, verde, verde, oh valla, café, café, ¡café!. Estúpido campo.
- No eres muy comunicativa que digamos - Me enfade con su comentario.
- Tú tampoco - Dije resentida.
- ¡Ha! Pero es que tu no me conoces. - Sonrió.
Alce la voz como ocho tonos más de lo correspondiente
- ¡Tú a mi menos! - Este tipo sencillamente me sacaba de quicio. - ¿Cuánto falta?
- No mucho - Su rostro se puso serio.
Entramos en un camino de tierra. ¡Wauw es excelente andar en un camino de tierra en un vehículo descapotable!. Dije para mi enfadada, andaba con mi ropa preferida. Una polera descotada color crema con unos jaenes desgastados y mis chapulinas preferidas. El calor era cada vez más ahogante y se juntaba con la tierra. Luego el soltó una carcajada.
- ¿Que? - Dije irritada.
- Eres fácil de descifrar.
- ¿A que te refieres con eso?
- Olvídalo. - Puso sus dos manos en el volante - Solo se que te molesta toda esta situación. - Lo mire sorprendida, no entendía bien lo que me decía. - Llegamos, - especulo.
Observe que la entrada era un gigante terreno lleno de pasto y al centro un camino. Ese era la estancia de mi Tía Marta. Hermana de mi madre. Mientras íbamos sobre ese camino podía ver a lo lejos caballos alimentándose. Observe con atención uno en especial. Era hermoso de color dorado, pero cuando se movía hacía un árbol su color cambiaba a blando plateado. Era muy hermosos. Saque la vista de encima del caballo para mirar a Dilan, quien me observaba fijamente. Me puse roja como tomate y agache la cabeza.
Nos acercamos a una casa gigantesca. Era de color blanco, aunque este no se percataba mucho por el polvo y una enredadera que crecía alrededor de ella.
- Llevaré tus cosas arriba. Ve al patio de atrás. Allí están los muchachos - Sonrió amablemente.
- Vale, gracias. - Me preguntaba como sabia el paradero de los chicos. Nos habíamos demorado mucho. En ese momento vi a Thomas correr hacia mi.
- ¡Cathlen! - Me abrazo fuertemente. - Estas bellísima. Igual que siempre.
- Thomas no a dejado de anunciar tu visita desde que estoy aquí - Vi como se levantaba del suelo. Era alta y el pelo perfectamente liso y largo. Le llegaba a la cintura - Mi nombre es Kendra. - Me mostró una amplia sonrisa.
- Hola Kendra - Le hice un gesto con la mano.
Junto a ella había un chico alto, y musculoso. Su nombre era Lionel. Su nombre era extraño al igual que el de Dilan, podían sonar hasta graciosos. El sol caía. Entramos a la casa.
- ¿Tienes hambre Cathlen?
- Si, thomas - Le sonreí amablemente.
Lionel empezó a discutir sobre los planes de mañana. Estaba todos entusiasmados. Kendra quería hacer paracaidismo, Thomas quería rafteen y Lionel imponía a que debíamos hacer alpinismo. Me entro un pánico al escuchar todos esos planes. En que me había metido. Me gustaba la aventura y sentir ese tipo de adrenalinas. Pero no era capas de manterme a salvo tan solo con un cable.
- Y tu Dilan que quieres hacer. - Dijo Lionel mirándolo seriamente.
- Da igual Lionel. Cualquier cosa esta bien. - Los ojos de Dilan se deslizaron a los mios y Lionel le siguió la mirada hasta llegar a mi.
Kendra noto el ambiente y me pregunto.
- ¿Cuál te gustaría hacer Cathlen?- Oh no, mala decisión.
- Creo... que.. Cualquiera estaría bien.
Todos a excepción de Dilan se echaron a reír. Todos notaron mi pánico a cualquier actividad.
Pedí permiso y me levante de la mesa. Estaba un poco molesta. Salí de la casa echando patadas sin rumbo. Me dirigí al sendero que se encontraba en la entrada, todo estaba oscuro y silencioso. Solo podía oír un sonido. Como si alguien más anduviera por mi alrededor. Comenzó a correr una brisa fría que hicieron que se me pararan los pelos de punta. Camino como unos diez minutos sin saber en realidad hacia donde me dirigía ya que no podía ver nada.
Sentí un estruendo de lejos y me entro el pánico, escuche pasos despavoridos que venían hacia mi, pero no era un sonido de personas. Sentía voces de lejos, intente ponerle atención y me percate de que era Thomas, no le entendía bien lo que decía ya que los pasos se hacían cada vez más fuerte. Hasta que pude comprender. Thomas me advertía que una manada de caballos se dirigían hacía a mi a toda velocidad. Dispuestos a dejarme estampada contra el suelo como puré. Eche a correr por donde provenía la voz de Thomas, pero fue peor, ya ni la oía, solo el galope de los caballos. Me detuve. Mi cuerpo se endureció y tape mi cara con mis manos. Sabía que me alcanzarían de igual forma. Y ni Thomas ni los demás podían hacer nada. Me resigne. Mientras pensaba en mi familia. Una lágrima salio de mis ojos. Y pensé que si no moriría podía quedar con quebraduras. Podía salir de esa. El frío era cada vez más fuerte. Quería que eso se terminaría pronto...
jueves, 12 de febrero de 2009
Nuestras Frenesís.
Capítulo Nº Uno.
Paseo.
Habían empezado mis vacaciones de verano. No tenía nada que hacer en realidad, el viaje de vacaciones con mi familia se había esfumado debido a que hace unos meses nos habíamos cambiado de casa y la situación económica no andaba para darse esos lujos. Así que ahí estaba encerrada en mis cuatro paredes.El lugar donde vivíamos era acogedor y estaba ubicado muy apartado de la ciudad. Estábamos rodeados de cerros y vegetación. Había una carretera principal que se dirigía a la costa y al otro lado al centro de la ciudad. Lo malo de vivir entre tanto cerro y vegetación era los insectos. Oh como los odiaba. Era alérgica al pasto y esas cosas. Las primaveras las pasaba encerrada y con medicamentos para el "resfriado" que me daba.
Recibí una invitación de mi amigo Thomas que vivía en una reserva fuera de la ciudad, era más campo. Era por unas semanas. Mi madre intento retenerme. Tome la decisión de ir ya que necesitaba salir de casa. Los pensamientos de recuerdos frustrados de un antiguo amor me rodeaban cada día. Y estar sin nada más que hacer le daba libertad a mis subconsciente de que hisieran lo que se les antojara conmigo.
- Hay hija, quédate podríamos salir de pesca algún día. - Cassie mi madre era capaz de decir cualquier cosa con tal que me quedara.
Puse los ojos en blanco.
- Mamá, sabes que no me gusta pescar.
-Cathlen, cuídate mucho hija.
Me abrazó fuerte, mientras yo le decía que todo iría bien.
-Claro mamá. Estaremos con la Tía Marta. - Le sonreí. Intentaba demostrarle mi entusiasmo por ir. En realidad ni me gustaba el campo, pero debía salir de ahí.
Llegué temprano al campo. Como era de esperarse en el pueblo donde me encontraba era pequeño, así que era casi imposible que me perdiera. Llevaba una maleta y un bolso de manos, no tenía tanta ropa abrigadora. El día estaba soleado, me senté en una banca a la espera de Thomas. Nos habíamos quedado de acuerdo para que me viniera a buscar en este lugar. Pude visualizar la carretera principal y entrando en ella un vehículo muy lujoso. En ese pueblo no eran muy vistos esos tipos de autos. Si no me equivocaba era un BMW M6. Un fabuloso descapotable. Dentro de el iba un chico que no sobrepasaba los diecisiete años. Tenia el cabello cobrillo que le llegaba a los hombros. Sus piel era morena. Se acerco a mi y me miro atentamente. Pude observar sus ojos, eran verdes y del tamaño de una almendra. Estuvo un gran momento mirándome. Había estacionado el vehículo frente a mi. Deje de mirarlo. Sus ojos pegados a mi me estaba cohibiendo. Solté un sonido.
- Eh! Caray! ¿Se te perdió algo? -- Dije furiosa.
- ¡Que carácter caramba!, ¿Acaso tu eres Cathlen Smile?
Lo mire sorprendida, supo la respuesta de inmediato y me hizo un gesto para que subiera al coche. Toda la gente estaba pendiente de nosotros dos. Bueno más bien del descapotable. No podía creer que estaba montada en ese carro y con un chico tan guapo. Mi madre me iba a matar si se enteraba de que había subido a un auto de carreras y con un desconocido.
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